Cuando estaba pequeña no quería ser como tú, porque me gustaban los jeans de mi padre, su auto, sus botas y sus anteojos oscuros. Me alegraba cuando lo veía, porque a ti te veía todos los días y a él por cuestiones de trabajo se hacía extrañar más.Luego, cuando fui creciendo, no celebré mis quince años con vestido de princesa ni baile el vals a pasos lentos y armónicos como tú querías. Te confieso que me aburría el cuento de querer ser mi amiga y las frases célebres que aprendiste en el tomo II del manual para “grandes madres”, que traje conmigo cuando nací, donde sacaste oraciones como: ¡que desconsideración!, tu no me ayudas, es que uno se convierte en el enemigo de los hijos, para ti soy un cero a la izquierda, no hables con extraños, mira a los lados antes de cruzar la calle, ¿crees que soy un cajero automático? Y mi favorita, con la que me aplicas psicológica inversa: HAZ LO QUE SE TE DÉ LA GANA.
No es extraño que no seamos amigas, quien es la primera osada que le cuenta a la madre lo mal que la trataba Pedrito Pérez y como la convenció para despojarla de su inocencia o decirle de vez en cuando como se ve de mal con ese labial satinado y esa cartera pasada de moda. Lo siento, hacerlo con una amiga se me hace más fácil.
Ha pasado mucho desde mis quince y no sé quien, ha venido dosificándome anualmente una receta intangible de 500 gramos de seguridad, 500 gramos de responsabilidad y 1.000 gramos de ausencia de ingenuidad, llamada madurez, que me permitió verte no como el ser que me trajo al mundo, sino, como el ser humano que eres para el resto del mundo; que se equivoca, que ríe, que llora, que siente dolor, que se desilusiona, que ama, que se confunde, que no tiene la respuesta de todo, que no sabe qué hacer, que se divorcia, etc.
Aprendía a quererte por lo que eres y no por el título que tienes en mi vida, a contar hasta 10 cuando gritas y te desesperas, porque probablemente ocupare ese mismo lugar y no seré el superhéroe que tanto tiempo había buscado en ti.Entendí porque no lavas mi ropa, no me llamas cuando voy de viaje, no me recargas el celular, porque no arreglas mi cama y la razón por la cual no podemos ser amigas. Empecé a agradecer lo que no haces por mí y a reconocer que gracias a lo que no me has dado demás, soy una persona íntegra, segura de sí misma, independiente, que no le teme los a los hombres, se arreglar la casa, sé cocinar y no necesito de la ayuda de nadie para tomar decisiones, trato de aplicar las frases y principios que leíste en el manual para “grandes madres” y las recuerdo cada instante; sé amable, haz respetar tu cuerpo, no envidies las cosas de los demás, no guardes rencor y la más significativa de todas, todo lo que te propongas lo conseguirás.
Gracias por dejarme ver ese ser humano, por ser la mutación de Marge Simpson, la mujer maravilla, Batman, Supermán y Sherk, por regalarme los pantalones que toda la vida has sabido llevar bien puestos, por mandarme a volar cada vez que me creo Macgiver y por no ser mi amiga, la verdad ya tengo muchas y madre solo eres tú.
No te casaras jeje :D Chevere tu publicación ...
ResponderEliminarSolo puedo decirte una cosa y es que estoy anonadado con la creatividad que tienes al redactar, muchos creerán partes crueles pero que son una simple realidad, solo espero que en el camino de la vida tomes y le sigas poniendo el empeño, la inteligencia y los buenos pantalones que al parecer siempre los tendrás en alto, apriétalos mas y llévalos por el sentido que los has seguido llevando, que es un camino de metas,prioridades, valor y sobre todo aspiraciones que no has dejado morir y en un mañana seras mas de lo que eres hoy!
ResponderEliminarCarlos Lara.